miércoles, 7 de mayo de 2014

quien no te conozca que te compre

 Quien no te conozca que te compre Fabula basada en un cuento de Juan Valera. y que yo he versioneado a mi gusto.




Hace mucho tiempo, en una España en la que el comer no era una actividad diaria y las gentes eran poco instruidas, el pueblo llano ignorante y supersticioso, allá en el siglo en el que Quevedo le sacaba los colores a sus paisanos; en esos tiempos, el sobrevivir era un Arte y la picaresca un oficio.
En cierta ocasión, unos estudiantes más picaros que sabios,  observaron un burro que atado a una noria daba vueltas incesantemente.
El dueño del burro era  un agricultor, un hombre humilde y de pocas luces,  que dejaba solo al animal para hacer su jornada en los campos.
Los jóvenes vieron la oportunidad de llevarse al animal y venderlo en la feria del pueblo cercano.
-Cojámoslo y tendremos dinero para salir de hambrientos-, dijo uno de ellos.
-¿Y si nos pillan?-, dijo otro de ellos más prudente –nos pudriremos en Galeras.
-Hay una manera de hacerlo, que además nos servirá de divertimento-, intervino el tercero de aquella compañía de estudiantes.
-Pues ya nos dirás-, dijeron los otros.
Al cabo de unas horas, el agricultor llegó de su trabajo, y cansado como estaba, creyó que la cabeza se le había vuelto loca, no podía dar crédito a lo que veía.
Un hombre desnudo estaba atado al travesaño de la Noria.
-¡Pero qué locura es está!-, gritó el buen hombre corriendo a donde aquel hombre; que no era otro que uno de los estudiantes mencionados, se encontraba allí atado.
-Ayh que desgracia-, dijo el estudiante fingiendo  un llanto desconsolado.
-¿Pero que hace vuesa merced aquí atado, donde tenía que estar mi burro? ¡Mi burro! ¿Dónde está mi burro?
El estudiante le dijo así al buen hombre.
-Ayh compañero, que el burro era yo.
-¡Ande! Que no se yo distinguir un burro de un hombre, me toma acaso vuesa merced por un simple?
-Que no, que no-, dijo el estudiante –que en ese estado estaba yo por brujería, y pasado el hechizo vuelvo a mi  forma.
-¿Pero cómo va a ser eso?
-Que si buen hombre, que si-, le contesto el estudiante -¿De qué si no iba a estar yo aquí, como mi madre me trajo al mundo y atado a esta Noria?
El campesino quedó pensativo, miró al hombre que desnudo estaba allí atado, y pensó que quien iba a querer estar así si no fuera porque había una razón muy  excepcional.
-Sea usted compasivo y suélteme de aquí, ande, que poco favor le hago ya aquí atado.
El campesino reaccionó  desatándolo y sin poder decir palabra quedó desconcertado,  mirando aquello tan extraordinario que le estaba sucediendo y que no podía terminar de creerse.
-Gracias buen hombre-, le dijo el estudiante al desconcertado labrador –yo le explicaré lo que pasó  y sabrá toda la historia.
-Pues empiece que ganas tengo de saber.
El joven truhan comenzó su explicación, mientras el labrador miraba en todas direcciones, buscando quizá a su burro o temiendo que fuera víctima de una broma, y por allí agazapados estuvieran los cómplices de aquella broma.
-Pues era casado en otra comarca, con una mujer hermosa y hacendosa, pero lo que tenía de buena lo tenía también de bruja.
El labrador se persignó al escuchar la palabra bruja. –Siga  vuesa merced con su historia, que inquieto estoy por saber más de ella.
-Pues que casado estaba yo, con una mujer preciosa.
-Y bruja-, le interrumpió el labrador.
-Ayh si, muy bruja para mi desgracia.
-Poderosa tiene que ser para poner a un hombre en esa condición-, le dio el labrador -¿Pero que la enfadó tanto para hacerle bestia?
-Pues que aconsejado por el diablo, que todo lo enreda,  fui a poner mis ojos en una vecina de los alrededores, y para mi desgracia correspondió a mis deseos con generosa voluntad.
-¡ayh!-, dijo el labrador- razón tuvo su esposa de hacerle no burro sino rata. ¿Y ahora como acaba la historia?
-La historia para mi desgracia no acaba, que cada vez que el encantamiento se pasa, ella me viene a buscar, y cada vez que me encuentra pues burro me vuelve a convertir. Así que le ruego a vuesa merced, que de lejos de ve su buen corazón, que me deje marchar, que para nada le sirvo aquí en la noria, y mi esposa buscándome  andará ya.
-En prisiones acabaría yo-, dijo el labrador –si a un hombre pongo en la noria a rodar, mal rallo que me parte si sé lo que conviene hacer.
-Deme usted buen hombre una manta, que desnudo  no vaya yo por ahí,  y que Dios le pague la bondad de su corazón.

Y aunque parezca increíble, allá quedó el sencillo labrador, sin burro ni manta.

Pasados unos días y en el pueblo vecino hubo una feria y nuestro labrador acudió a ella, pues necesitaba de un burro nuevo para la Noria.
Allí fue visto por los tres estudiantes, que tramaban la venta del burro.
-Mirad, dijo uno de ellos, es el labrador a quien le robamos el animal.
-Vayámonos pues no sea que reconozca al animal y seamos carne de presidio.
-No,  esperad-,  dijo quien tuvo la ocurrencia de la broma  –no ha y peligro de nada,  os diré lo que vamos a hacer.

Así, uno de los tres, mientras los otros observaban a una distancia prudencial, se acercó con el pollino al labrador, que observaba a varios burros  que allí estaban para ser vendidos.
-¿Busca usted un burro?-, dijo el estudiante a nuestro labrador  -mire que le ofrezco este que llevo, y que se lo dejo muy barato, casi tan barato que parece que se lo regalo.
El labrador reconoció de inmediato al animal.
-¿Y de donde habéis sacado a este animal?
-Pues mire vuesa merced, la verdad es que no es mío,  que lo encontré perdido en un camino, y como soy estudiante y necesito dinero  y a la Universidad no puedo llevármelo,  lo quiero vender…por lo que quieran darme.
-Burro quiero, pero este no me sirve.
Y acercando su boca al oído del animal le susurró.
-Ayh compañero,  mucha pena me das,  pero mira, que quien no te conozca… que te compre.


Y así acaba el cuento, y aunque este tipo de historias no  acaban con una sentencia,  yo en este caso, y dado que esta fabula está dedicada a Santiago Carrrillo por los motivos que ya he explicado, solo cabe aplicarle la última frase que el labrador le dice a su burro.

Quien no te conozca…que te compre

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