miércoles, 25 de octubre de 2017

Más ablanda el dinero que palabras de caballero




No hay puerta que se le cierre a quien Quevedo consideraba un caballero poderoso.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero y es que produce una fascinación  que pocos resisten.
Refrán que viene a confirmar aquello de que todo tiene su precio,  acalla los argumentos y adormece las consciencias.

Observando el refranero viene a la memoria la Corte de los Milagros, ese territorio parisino del siglo XIII, lleno de mendigos y prostitutas, de profesionales del descuido y de la mendicidad.
El refranero evoca la España de la picaresta y del Lazarillo de Tormes.
La cultura del aprovecharse de la oportunidad, que para eso la pintan calva, es decir con pocos pelos que es como dar a entender que hay pocas oportunidades y la ocasión hace al ladrón, como podemos comprobar con nuestros políticos cuando tienen cargo publico y poder.
Y es que la necesidad tiene cara de hereje y empuja a quien la padece a adquirir hábitos poco virtuosos, pero después de todo no hay mejor maestra que la necesidad y la pobreza sentencia el refranero, porque enseña a distinguir lo principal de lo secundario y atender la obligación y después en la vocación. 

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