martes, 3 de julio de 2018

Imágenes de la red. (Una reflexión ética)


Me gusta usar el photoshop para crear eso que llaman ahora, memes o algún chiste, ponerlo en Internet y dejarle circular.
Me gusta ver como alguno vuelve a mi a través de alguien y me hace gracia, una pequeña concesión a la vanidad que me permito.

Muchas veces tomamos imágenes de la Red, la que consideramos adecuada a la idea que queremos expresar; si están libres de derechos no hay problema y no caemos en la cuenta de nada más.

Lo que me motivó a empezar a perseguir bulos, fue precisamente que a alguien se le ocurrió tomar una foto de mi rostro y poner un texto relacionándome con actos delictivos,  tras la correspondiente denuncia tuve suerte y se pudo solucionar y todo amainó, pero deja una secuela emocional fuerte.

Tomar una foto de alguien pensando que después de todo en internet hay mucha gente y quién va a reconocer a quien, tiene consecuencias que no se sospechan y quien lo hace tiene una responsabilidad en esas consecuencias.

Aparte de lo ilegal que pueda ser, está el daño emocional.
Ésta reflexión viene al caso por la fotografía que ilustra ésta entrada, un rostro que ha sufrido violencia sirve para hacer un chiste, acerca de las consecuencias de que la esposa se entere de la contraseña del móvil.
Si fuera una imagen de una película, aunque esté protegida por derechos de autor, nadie va a emprender acciones legales porque alguien tome una imagen y haga un chiste con un fotograma de una película; el chiste queda gracioso y no hay más consecuencias.
Solo que en el caso de ésta imagen, se trata de una persona que fue agredida por ser homosexual en 2013, es holandés y se llama Wilfred.
No es lo miso tomar una imagen desde el anonimato de una persona anónima que,  una imagen cuando sabes que tiene nombre; todos tenemos nombre, pero el anonimato de la Red parece que todo nos es licito y no hay responsabilidades.
Y pienso, en el daño emocional que sufrió esa persona y el daño añadido a ver su rostro dentro de un chiste que pierde toda su gracia porque deja de ser un chiste para ser otra cosa.

Cuando tomamos la foto de alguien, tenemos que saber que tiene nombre y tiene su historia y su derecho a ser respetado.

Ha de haber un limite ético, necesariamente.

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